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Cuando las mujeres somos nuestras propias enemigas

Por ser parte de mi trabajo, dedico bastante tiempo a bucear en las redes sociales, reconozco que más del que me gustaría. A mí, que me apasiona todo lo relacionado con la creatividad, encuentro en ellas una fuente inagotable de información y de inspiración. Sin embargo, por otro lado, me parece que las redes sociales sacan en muchas ocasiones lo peor de nosotr@s mism@s.

En el último mes, dos mujeres han hecho que Facebook y Twitter echen humo: Cristina Pedroche y Carolina Bescansa. La primera, por lucir un vestido en televisión; la segunda, por llevarse a su hijo lactante al Congreso. Ambas han suscitado una intensa polémica en la prensa y especialmente en las redes sociales.

No es mi intención hacer una valoración personal sobre lo que ha hecho la una o la otra; lo que me ha llamado la atención, y es lo que pretendo poner de relieve, es la cantidad de descalificaciones e insultos que han recibido ambas en las redes sociales, tanto por hombres como –y esto es lo que más triste me parece– por mujeres.

Entiendo que, siendo figuras públicas como son, sus actos generen diversidad de opiniones y que estas se puedan expresar libremente, que para eso vivimos en un país con libertad de expresión (o eso dicen, a veces cuesta creerlo). Me gusta que se genere debate, siempre y cuando sea un debate desde el respeto y con opiniones argumentadas. Creo que es importante contemplar todos los puntos de vista porque puede resultar enriquecedor y porque nadie está en poder de la verdad absoluta. Pero estos días he asistido a un escarnio brutal de estas dos mujeres por parte de otras mujeres, en las que el insulto fácil y la descalificación han alcanzado límites insospechados.

Puede parecernos que Cristina Pedroche contribuye a la cosificación de la mujer o que, simplemente, es libre de hacer con su imagen y su cuerpo lo que buenamente quiera, que para eso es suyo. Puede parecernos que era innecesario que Carolina Bescansa llevase a su hijo al Congreso, o que el hecho de que lo haya hecho sea considerado una reivindicación de la falta de conciliación familiar y laboral que tenemos en este país. Cualquiera que sea nuestra opinión, somos libres de mostrarla, pero por favor… ¿cuesta tanto hacerlo desde el respeto? Recurrir a la ofensa como argumento, sin ningún razonamiento, me parece muy triste e inaceptable.

¿Qué flaco favor nos estamos haciendo a nosotras mismas insultándonos las unas a las otras? Está claro que no todas tenemos que pensar igual, pero… ¿qué ganamos haciéndonos críticas destructivas y denigrantes entre nosotras? ¿Acaso no tenemos que luchar ya bastante las mujeres para no estar siempre en el punto de mira, para no estar siempre cuestionadas por todo lo que hacemos, para que se nos reconozca como iguales en una sociedad patriarcal?

Dejemos de descalificarnos, de desacreditarnos las unas a las otras por nuestras propias inseguridades. Reflexionemos antes de abrir la boca o aporrear un teclado. Aun desde la diversidad de opiniones, intentemos construir en vez de destruir. No utilicemos las redes con el fin de crear un caldo de cultivo para el odio. Todavía tenemos mucho por lo que luchar, no malgastemos nuestro tiempo y energía haciéndolo entre nosotras. Unidas somos mejores y más fuertes.

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Pilar M. Peña
hola@imperfectas.com

Creadora de Imperfectas. Alicantina. Nací en el Año Internacional de la Mujer. Perfectamente Imperfecta. Pecosa y creativa. Chocolate & beer lover.

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