cuarentañera

La vida a los 40: mi primer año como cuarentañera

Hace hoy exactamente un año que me convertí en cuarentañera –que no en cuarentona–. Que los “simpáticos” señores de la RAE cambien el sufijo -ero/era (quinceañera, veinteañera, treintañera) por el despectivo -ón/ona (cuarentona, cincuentona) a partir de los cuarenta, me repatea. El caso es que, contra todo pronóstico, en ese momento no me dio la crisis de la mediana edad.

No es que sea una rebelde sin causa y me guste ir a contracorriente de lo que la sociedad espera, en general, de una mujer de mi edad, para nada. Que no me haya casado, que viva de alquiler, que hay decidido libremente no tener hijos y que haya puesto en riesgo mi futuro con un trabajo que ofrece pocas garantías de ser estable –lo que mola ser autónoma– es algo totalmente fortuito (modo sarcarsmo on).

Si hay que tener la crisis de los 40 porque es lo que toca, pues oye, se tiene y punto.

Solo que yo, como tengo esa jodida costumbre de adelantar los acontecimientos, empecé a sufrirla a los 38 años. Porque soy así de “atacá”, porque soy muy de crisis y de comerme mucho la cabeza, y porque pensaba que en dos años me daría tiempo a hacerme a la idea de que iba a dejar de pertenecer al fabuloso club de los treinta y tantos.

Lo de la precocidad con las crisis me viene desde antes de cumplir los 30. Con 28 pensaba que, rondando la treintena, la juventud se me iba de las manos y que estaba a las puertas de convertirme en una señora. Y sí, eso pasó irremediablemente. Pero fue cumplirlos y sentir que me comía el mundo, ni crisis ni leches.

La cosa cambió al llegar a los 38.  Me cambió el metabolismo emocional y me empezó a pesar lo de cumplir años. Los kilos de “maemía, maemía, que los 40 ya están ahí” se iban acumulando. Iba a ser cuarentañera de manera inminente.

Y después de 2 años de crisis y de mis primeros 366 días como cuarentañera, he llegado a varias conclusiones:

Los cuerpos ya no son lo que eran

Debe existir una fórmula digna de ser estudiada en el MIT o en la NASA por la que la velocidad de tu metabolismo se vuelve inversamente proporcional a la aparición de una nueva pata de gallo. Como si tu metabolismo se hubiera pasado al movimiento slow sin avisar, con premeditación, alevosía y, especialmente, nocturnidad: como te pases con las cenas, vas lista. Decir eso de “yo antes me ponía ciega a comer y no engordaba” o lo de “yo perdía 3 kilos en menos de una semana” ha pasado a ser una leyenda urbana.

cambio-de-metabolismo

La ley de la gravedad es un principio que ya no tiene fin

Sin ser una experta en física, he comprendido literalmente en mis carnes lo que quería decir Newton. Desde los 37 ya empezaba a notar “cosas raras”, pero es que a partir de los 40 la cosa se agrava, y no tiene pinta de ir a mejor: brazos “colganderos” capaces de provocar un tsunami al saludar; ese intento de elevar inútilmente las mejillas hasta parecer una china cuando me embadurno la cara de crema por las noches; ver que el inicio de mi escote se ha convertido en Un horizonte muy lejano… En fin, maravillas de la puta física.

ley de la gravedad edad

Si tu autoestima quieres conservar, tu armario has de limpiar

Te das cuenta de que ya es hora de desterrar del armario esos “imposibles” que llevas acumulando durante años. Por salud mental. Que a la estupendísima Judith Mascó le queden perfectos los suyos después de ponerse ciega a infusiones durante tres semanas es menos creíble que el postureo “sin maquillaje” de algunas famosas en Instagram. A mí hay vaqueros o vestidos que no me entran ya ni con una sobredosis de té, ni con calzador ni con un milagrito de Lourdes. Vamos, misión imposible.

imposibles en el armario

“No vuelvo a beber nunca más” se convierte en un mantra

Este año, en concreto, he tenido un par de resacas malísimas. De tirar la primera papilla y de quedarme todo el día muerta en la cama. Sales a cenar, con media caña te vienes arriba pensando que tienes 20 años y… ¡venga, ponme dos más, así, a lo loco! Pero tienes 40 tacos, y tu tolerancia al alcohol ha caído más bajo que los índices de Bolsa tras el Brexit.

resaca

Haces tuyas las frases “Con lo que yo he sido” y “Qué decadencia”

Y especialmente las repites a continuación de lo de “no vuelvo a beber nunca más”. Yo, la que cerraba los bares, la que se subía a las tarimas a bailar con taconazos toda la noche, a la que le daba lo mismo pasar frío si había que lucir palmito… Cuando comprendes que te has convertido en una cenicienta de pacotilla y que lo de partir la pana más allá de la medianoche es un deporte de riesgo, decides que lo mejor es quedar con tus amigas para comer o para tomar un café (descafeinado, que me sube la tensión).

que-decadencia

Te estás mintiendo a ti misma si te crees a pies juntillas eso de que “los 40 son los nuevos 30”

Y una mierda. Así, con todas las letras. Yo a los 30 no pensaba en la menopausia, en hacerme mamografías, en la presbicia, en que mis radicales libres están cada vez más liberados, en no tomar mucha sal porque me levanto con más bolsas debajo de los ojos que una fashion blogger en un centro comercial o –y esto sí que es decadencia y lo demás son tonterías– en la jubilación.

los 40 son los nuevos 30

Te preguntas continuamente cómo coño han pasado tan deprisa los últimos 20 años

Y te entra el pánico pensando que, con suerte, solo te queda media vida por vivir. Y a ver en qué condiciones. Porque si los que te tienen que garantizar la jubilación están cazando pokémones y el gobierno sigue con su lema “Hacienda somos todos, menos nosotros”, vamos mal. Muy mal.

no es justo

Pero ya no sé si por cansancio mental, o porque la vida es muy sabia y en su curso te lleva a fluir con ella, desde hace unos meses siento que muchas de esas cosas las tengo ya asumidas. Me miro al espejo y me veo bien en mi piel, con mis años. Para decirte que he llegado al punto de que ya no me molesta que me hablen de usted o que me llamen “señora”…

La madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible cambiar. Click Para Twittear

Llega un momento en el que te das cuenta de que:

Es mejor invertir tu energía en pensamientos, vivencias y personas que te hagan sentir bien, aquí y ahora. De nada sirve lamentarse porque algunas cosas ya no sean como antes. Es ley de vida.

 Que lo importante ya no es tanto lo que aparentes, sino cómo te sientes: lo que se ve por fuera no es más que un reflejo de lo que hay por dentro. Así que mi prioridad –sin descuidar lo de fuera– es trabajar(me) para sentirme bien por dentro.

Que el paso del tiempo deja huellas físicas que no podemos evitar, pero que son señal de que seguimos aquí, viviendo la vida. Y, al fin y al cabo, eso es lo que cuenta.

Así que hoy voy a brindar por todo lo que me queda por hacer y vivir en este nuevo año de la segunda mitad de mi vida. Chin-chin por mí.

puedo hacer lo que quiera con mi vida

¿Tienes o vas a cumplir 40? ¿Sufres o has sufrido la temida crisis? ¿Has llegado tú también a alguna conclusión desde que eres cuarentañera?

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Pilar M. Peña
hola@imperfectas.com

Creadora de Imperfectas. Alicantina. Nací en el Año Internacional de la Mujer. Perfectamente Imperfecta. Pecosa y creativa. Chocolate & beer lover.

2 Comentarios
  • Lola
    Publicado a las 12:30h, 13 octubre Responder

    Soy muy fan tuya, Pilar! Me identifico al 100%! Un besazo gordo!

    • Imperfectas
      Publicado a las 13:19h, 13 octubre Responder

      Ay, que me emociono <3 Gracias Lola!

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