envejecer

El privilegio de envejecer

El lunes pasado nos despertamos con la triste noticia de que un cáncer de mama se llevaba la vida de Bimba Bosé. Ya sabía que estaba muy enferma, pero la noticia me impactó, mucho. No solo porque fuese apenas una semana más mayor que yo, sino especialmente porque en mi última revisión ginecológica me detectaron un bultito en la mama izquierda, que en principio no parecía nada grave, pero que había que mirar. Y justo el martes, al día siguiente, tenía cita para hacerme la mamografía. Vaya lunes que pasé dándole vueltas al coco.

Afortunadamente, se confirmaron las previsiones y el bultito es benigno (me lo recalcaron muchas veces para que dejara de asustarme), pero tiene que revisarse dentro de seis meses para ver cómo evoluciona. Salí del hospital temblando, pero aliviada. Tremendamente. Como si me hubiesen quitado una pesada losa de encima.

Caminando hacia el coche pensé en cuántas de las mujeres que estaban allí esperando conmigo para hacerse la mamografía volverían a sus casas tan aliviadas como yo. Las más afortunadas, con la noticia de que ningún bicho malo iba a volver locas sus células y poner su mundo patas arriba. Las más fuertes, con la noticia de que la vida les daba otra oportunidad. Ojalá que fueran todas ellas.

Pero tristemente el mundo está lleno de Bimbas en la flor de la vida que se van antes de tiempo. De madres, hijas, hermanas, amigas, conocidas que han luchado como leonas para tratar de vencer, sin éxito, ese puto cáncer que las consumía. De luchadoras a las que la vida no ha dado segundas oportunidades. De mujeres que no han tenido el privilegio de envejecer.

Porque sí, envejecer es un privilegio, no una condena como esta sociedad nos quiere hacer creer. Porque no importa que nuestra piel ya no sea tersa, que la turgencia de nuestros cuerpos desaparezca y que un manto blanco cubra nuestros cabellos. Nada de eso importa. Lo que de verdad importa es que estemos vivas para contar nuestras arrugas, nuestros pellejos, nuestras canas. Vivas para cuidar y amar nuestro cuerpo tal y como es, porque nos permite seguir celebrando la vida, algo que a muchas otras se les niega.

Así que la próxima vez que te mires al espejo con la intención de maltratarte a ti misma, de lamentarte por no ser tal y como eras hace 5, 10, 15 o 20 años, de luchar contra ti misma para tratar de cumplir con unas expectativas ajenas y absurdas, recuerda lo afortunada que eres por tener ese cuerpo lleno de vida. Déjate de tonterías y ámalo. Por encima de todas las cosas.

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Pilar M. Peña
hola@imperfectas.com

Creadora de Imperfectas. Alicantina. Nací en el Año Internacional de la Mujer. Perfectamente Imperfecta. Pecosa y creativa. Chocolate & beer lover.

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