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Encasilladas desde niñas: lo que se esconde tras un catálogo de juguetes

La navidad está a la vuelta de la esquina. Ya llega ese momento del año para reunirte con la familia, comer como si no hubiera un mañana y… regalos. Es la época de los regalos por excelencia, sobre todo para los niños, y los meses previos a la navidad para esos enanos que aún no son conscientes de lo que se les viene encima (bendita inocencia, cuando te crees que la vida consiste en ir al cole, jugar, comer y dormir) es época de catálogos.

Me gustaban entonces y me siguen gustando ahora. Sí, lo confieso. A mis treinta años sigo mirando los catálogos de juguetes. La diferencia es que ahora los miro con ojos de mujer adulta, y veo cosas que antes no veía.

Veo que en algunos catálogos en las fotos de las cocinitas solo aparecen niñas, y en otros aparecen también niños, y la tienda me cae mejor o peor en función de ese detalle.

Veo los juguetes de los niños: aventuras, deportes, coches, herramientas. Curiosamente, justo después de los juguetes de niño vienen los juegos de ciencias (¿hay realmente separación?). Electricidad, química, geología…

Y veo los juguetes de las niñas (los juegos de recreación de las tareas del hogar están ahí. Sin comentarios): cocina, lavadora, bebés, muñecas de físico inalcanzable, maquillaje y moda.

Este año, para variar, casi me llevo una alegría. Cuando estaba llegando al final del apartado de niñas vi algo esperanzador: una muñeca con un Erlenmeyer de laboratorio, y casi me emociono. Pero me duró poco. Bastó con leer el eslogan de la colección: “ser inteligente está de moda”. La emoción se tornó indignación. ¿De moda? Habría que decirle al lumbreras que ha ideado ese eslogan que no se ha enterado de nada.

Entonces me pregunto si he sido una niña “rara” para las empresas jugueteras. Tuve decenas de barbies, tuve muñecos, cocinita, ¡hasta una lavadora que lavaba de verdad! Pero es que también recuerdo con cariño mis juegos de construcción, mis coches, mi maletín de herramientas y el de médico, mi tren, el mecano y el microscopio (y por supuesto el teclado Casio, la armónica, la guitarra de verdad a mi escala, el acordeón, el micrófono…). Y me considero afortunada.

¿Hicieron bien mis padres? Juzguen ustedes mismas, la niña les salió ingeniera, ¡qué disgusto! Criar a una niña con la extraña convicción de que podría desarrollar la profesión que quisiera, ¡qué irresponsabilidad!

Ver los juguetes de niña me da mucha pena. Me da pena que haya personas a las que se les encasille desde el momento de su nacimiento. Me da pena que haya niñas a las que solo se les dé muñecas para jugar y luego se les diga que no sirven para las matemáticas porque solo han jugado con muñecas. Me da pena que se coarte tanto talento, que se les cierren tantas puertas a las niñas, solo por ser niñas.

Vivimos en una época en la que necesitamos liberarnos de esos estereotipos. Vivimos en una sociedad en la que cada individuo tiene derecho a desarrollarse como persona sin importar su sexo, y eso empieza con el descubrimiento mediante el juego. Dale un kit de robótica a un grupo de niñas, y puede que de ahí salga la robotista que revolucione nuestra sociedad. Deja que tu hija se tire en el barro a ver lo que hacen los insectos, y tal vez tengas en tu casa el día de mañana a una importante bióloga o entomóloga.

Dale la opción, enséñale que también puede elegir ese camino.

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Nuria Líquida
nurialiquida@gmail.com

Soy vocalista de Detergente Líquido (grupo de música pop de Cádiz) y cuento la vida del grupo a través de mi blog Nuria Líquida. También colaboro en algunas ocasiones con Pop Musique.

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