felicidad

La llave de la felicidad está en tu bolsillo

¿Te preguntas a menudo –o al menos de vez en cuando– si eres feliz? A veces nos puede invadir cierto temor si creemos que la respuesta no será la que esperamos y preferimos enredarnos en la vorágine de la vida para evitar cuestionarnos cómo nos sentimos.

Por supuesto, cada persona tiene su propia interpretación de lo que la felicidad es, y es algo que cambia a lo largo de nuestra vida, tanto por la edad como por las circunstancias. De niña me hacía feliz poder jugar con mis amigas en la calle hasta el último minuto, que me dejaran quedarme despierta un ratito más por la noche o tener unas pocas monedas para comprarme unas chuches. No necesitaba mucho más.

¿Por qué al llegar a la edad adulta olvidamos muchas veces que las pequeñas cosas son las que en realidad nos hacen felices? ¿Tenemos que pasar por una mala racha, una enfermedad, una pérdida, para darnos cuenta de que debemos apreciar y disfrutar cada minuto de nuestro presente? La mayoría de las veces hacemos responsable de nuestra insatisfacción a factores externos, sin querer reconocer que la llave de la felicidad está en nuestro bolsillo.

Quizá esté muy manida esa expresión de que debemos buscar la felicidad en nuestro interior, pero tiene mucho de verdad. Solo nosotros somos responsables de cómo nos sentimos, de cómo dejamos que las cosas nos afecten. Si queremos encontrar al responsable de nuestra felicidad –o infelicidad– no tenemos que andar muy lejos.

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Desde hace unos meses he dedicado parte de mi tiempo a estar sin hacer nada. Y ha sido un tiempo muy bien empleado. Pensamos que el tiempo que pasamos sin estar ocupad@s en alguna actividad es tiempo perdido, cuando es todo lo contrario. Es un tiempo muy valioso en el que le damos a nuestra mente la oportunidad de calmar todo ese barullo de pensamientos que nos dejan exhaust@s.

En esos momentos de “tiempo muerto” me he preguntado a mí misma qué cosas impedían que me sintiera feliz, cuando aparentemente tengo muchos motivos para serlo –tengo salud, gente que me quiere, mis necesidades básicas cubiertas–, y he encontrado unas cuantas, por ejemplo:

  • Adelanto los acontecimientos, lo que me genera angustias innecesarias.
  • Me desespero cuando algo no sucede tan rápido como me gustaría.
  • Trato –inútilmente– de tenerlo todo bajo control, con la consecuente ansiedad que eso me produce.
  • Hago un ejercicio de autocrítica negativa cuando no soy constante en algo que me he propuesto.

Me he dado cuenta de que todos estos factores me roban muchos momentos de energía y felicidad; me hacen incluso sentirme malhumorada de repente sin motivo aparente, viajando en una montaña rusa emocional (vamos, como si estuviera con un síndrome premenstrual permanente).

Pero me alegra por fin ser consciente de ello ya que, sin duda, ese es el primer paso para ponerle remedio. El darme cuenta de que estoy haciendo alguna de esas cosas que me producen infelicidad me da la oportunidad de pararme, respirar e intentar cambiar mis pensamientos. Desde hace algún tiempo trato de:

  • Vivir el momento presente sin pensar en lo que pasará en el futuro. Lo que tenga que venir, que venga. En vez de darle vueltas a la cabeza creando escenarios que posiblemente nunca se den, centrarme en disfrutar cada minuto del aquí y ahora. Como dijo el emperador, “cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente”.
  • Repetirme que todo tiene su tempo, que las cosas que valen la pena en esta vida no se no se consiguen de un día para otro, sino que son fruto de un trabajo constante. No hay atajos para llegar a los lugares que realmente merecen la pena.
  • Darme cuenta de que es imposible tenerlo todo bajo control y que, de alguna manera, la incertidumbre, la sorpresa, también puede ser estimulante. Está bien ser previsora, pero no una angustias.
  • Cambiar mi discurso interno cuando no soy capaz de lograr lo que me había propuesto (eliminar de mi dieta algún alimento que sé que no es saludable, no pasar tanto tiempo sentada y hacer más deporte, dedicar más tiempo al blog…): en vez de pensar que he fracasado, felicitarme por haberlo intentado y retarme a intentarlo de nuevo.

Por supuesto, no espero que que todo cambie de un día para otro; este es un trabajo interno en el que tendré que invertir tiempo y esfuerzo. Seguramente seguiré teniendo días de esos en los que no aguanto ni a mi sombra, pero haré todo lo posible por que cada vez sean menos. Y trataré disfrutar y atesorar todas aquellas pequeñas cosas que la vida me ofrece: un abrazo, un atardecer en el mar, una reunión con las personas que quiero, un buen libro…

Y tú… ¿te tomas tus ratitos para hacer balance de tu felicidad? ¿Eres capaz de identificar aquello que te impide ser feliz?

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Pilar M. Peña
hola@imperfectas.com

Creadora de Imperfectas. Alicantina. Nací en el Año Internacional de la Mujer. Perfectamente Imperfecta. Pecosa y creativa. Chocolate & beer lover.

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