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Nena, que se te va a pasar el arroz

Ayer domingo, Día de la Madre, encontré navegando en internet un artículo que me llamó la atención entre la multitud de publicaciones dedicadas a las madres. En él, la autora denunciaba la presión social por la maternidad que a día de hoy seguimos sufriendo las mujeres.

Yo, con un pie en la cuarentena, he sufrido este tipo de presión desde recién cumplidos los 30. Con pareja estable desde hace varios años, han sido muchas las veces que me han preguntado en mi entorno laboral, personal o familiar “¿y tú para cuándo?”, o he tenido que escuchar afirmaciones como “la siguiente eres tú” tras dar a luz una amiga. Y por supuesto, no ha faltado el típico tópico de “nena, que se te va a pasar el arroz”.

Lo de tener hijos nunca fue algo de vital importancia para mí durante la veintena; hubo un momento en el que me dije a mi misma que sí, que en el futuro al menos intentaría tener uno para vivir la experiencia de la maternidad, esa de la que tanto y tan bien se habla y que en teoría ninguna mujer debería perderse teniendo el privilegio de poder vivirla. Pero eso fue cuando lo veía todavía como algo muy lejano.

Pasados los 30 seguía aplazándolo año tras año, poniéndome a mí misma excusas como que era pronto, que todavía tenía tiempo o que tenía otras prioridades.

Llegado el momento en el que te avisan de que la curva de la fertilidad comienza a descender drásticamente, me dije a mí misma que ya era hora de abordar el tema en serio. Y, poniendo todas las cartas sobre la mesa, me di cuenta de que en realidad no quería tener hijos, por muchas y variadas razones, pero sobre todo porque no me veía con la paciencia y la capacidad de sacrificio necesarias para cuidar y educar a un hijo toda mi vida.

¿Eso es que no tengo instinto maternal? Será que no lo tengo. ¿Soy por ello peor persona que una madre que está dispuesta a sacrificarlo todo por un hijo? Si alguien de verdad lo piensa no me importa lo más mínimo. No tengo que rendirle cuentas a nadie, solo a mí misma.

No me siento culpable por nada y no me considero una mujer egoísta por decidir que no quiero ser madre. Me considero una mujer libre y completa, tan libre y completa como la que decide que la maternidad es uno o el más importante proyecto de su vida. Ole por ella y ole por mí, por ser libres para elegir qué queremos hacer con nuestra vida y con nuestro cuerpo.

Y ante la –inevitable– pregunta de “¿y si te arrepientes en el futuro”? mi contestación es que eso no puedo saberlo, porque nada es certero en esta vida y una no sabe qué pasará o cómo se sentirá en el futuro, pero creo que esa no es una razón para dar un paso tan importante como ser madre.

¿Y tú? ¿Has sufrido o sufres la presión social por la maternidad? ¿Siempre supiste que querías ser madre? ¿Todavía dudas? ¿O tienes claro que lo tuyo no es traer hijos al mundo?

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Pilar M. Peña
hola@imperfectas.com

Creadora de Imperfectas. Alicantina. Nací en el Año Internacional de la Mujer. Perfectamente Imperfecta. Pecosa y creativa. Chocolate & beer lover.

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